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A 200 del Cruce de la Cordillera de Los Andes

Son trascendentales aquellas que son capaces de cambiar el rumbo de la historia. Las decisiones ponen a prueba la inteligencia, el coraje y la tenacidad de los hombres, seguramente dueños de un don especial. José de San Martín fue uno de ellos. Hace 200 años, el patriota argentino iniciaba la gesta que liberaría a la Argentina, Chile y Perú. El 17 de enero de 1817, el comandante del Ejército de Los Andes firmó la orden de batalla a su jefe de estado mayor, el brigadier Miguel Estanislao Soler, a quien le indicaba que debía ir a la vanguardia de la columna principal de la fuerza por el Paso de los Patos, en San Juan, que detrás de él iría el escalón del brigadier Bernardo O’Higgins y, por último, seguiría la división al mando del propio jefe de la fuerza. Se considera esa fecha como el punto de partida de esta odisea.

Cuatro años atrás, el prócer comenzó a diseñar esta hazaña. Instalado en Tucumán en 1814, San Martín dispone que se haga una guerra de guerrillas en Salta y Jujuy para frenar los embates realistas. Reorganiza los cuadros de los oficiales; crea además la Escuela de Matemáticas y logra que el gobierno pague los sueldos atrasados de las tropas. A fines de abril, se enferma y se traslada a la estancia de la Ramada de Abajo, departamento Burruyacu, para restablecer su salud, donde permanece unas tres semanas. Ese tiempo le sirve para diseñar el llamado “Plan Continental”, que consistía en cruzar a Chile, batir allí a los realistas y, luego, por mar, llegar al Perú, centro del poder español. Pide al gobierno que lo nombre gobernador de Cuyo y se instala en Mendoza.

San Martín inicia una gigantesca tarea. Desarrolla una labor de contrainteligencia para ocultar sus planes, debe convencer al gobierno de la viabilidad de sus estrategias por encima de las intrigas que se suscitaban en el poder. Debe esperar hasta 1816, cuando se declara la independencia y asume como director supremo Juan Martín de Pueyrredón, quien apoya los planes del Libertador. El 25 de enero de 1917, el ejército patriota comienza a trepar la Cordillera de los Andes. El cruce se realiza principalmente por los pasos de Los Patos y de Uspallata para despistar a los realistas. Luego de pequeños combates favorables a los patriotas, en la cuesta de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, San Martín derrota a los españoles y entra triunfal a Santiago de Chile dos días después. Lo que vino después tampoco fue sencillo, los principales escollos debió afrontarlos en nuestro país. Luego de la victoria de Maipú, el Libertador solicita a Buenos Aires fondos para proseguir la campaña al Perú, pero no se los dan y renuncia al mando del Ejército de los Andes. El gobierno se alarma y consigue que retire la dimisión con la promesa de que le darán dinero. San Martín no quiere participar en guerras civiles y parte a Chile, donde tampoco le resultará fácil obtener la plata.

Sin duda, San Martín no sólo independizó definitivamente a tres pueblos del yugo realista, también supo dar un paso al costado cuando lo sintió necesario y le pasó la posta a su colega Simón Bolívar. El prestigio no lo encegueció y rechazó cargos importantes; no ocupó ningún espacio de poder, pese a ello, siguió cosechando las críticas de la caprichosa Buenos Aires. Entre otras cosas, el Libertador encarnó acabadamente lo se llama vocación de servicio, una virtud imprescindible para todo aquel que aspire a representar a la sociedad. Sería bueno que nuestra clase dirigente lo recordara y antepusiera siempre el bien común a sus ambiciones personales.

 

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