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A 35 años del adiós a Victoria Ocampo

Nombre completo

Ramona Victoria Epifanía Rufina Ocampo

Nacimiento

7 de abril de 1890
Bandera de Argentina Buenos Aires

Defunción

27 de enero de 1979
(88 años)
Bandera de Argentina Béccar, Provincia de Buenos Aires

Seudónimo

Victoria Ocampo

Ocupación

escritora, ensayista, traductora, intelectual, editora

Nacionalidad

Argentina

Período

Siglo XX

Lengua de producción literaria

español, francés e inglés

Cónyuge

Luis Bernardo de Estrada (1912-1914; separados en 1922)
Julián Martínez (1914-1929)

Ramona Victoria Epifanía Rufina Ocampo (Buenos Aires, Argentina, 7 de abril de 1890 – íd, 27 de enero de 1979) fue una escritora,[1] intelectual, ensayista, traductora, editora y mecenas argentina. Publicó diversos libros como La laguna de los nenúfares (1926), diez tomos de Testimonios o Tagore en las barrancas de San Isidro (1961).
Nacida en el seno de una familia aristocrática, fue educada con institutrices y su primer idioma fue el francés. En 1924, publicó su primera obra, De Francesca a Beatrice, editada por la Revista de Occidente con la ayuda de José Ortega y Gasset. Participó desde su juventud en las primeras manifestaciones de los movimientos feministas, intelectuales y antifascistas argentinos, lo que la llevó a fundar en 1936 la Unión de Mujeres Argentinas.
Sus viajes a lo largo del mundo le permitieron entrar en contacto con los principales exponentes de la literatura y el ámbito intelectual; así, alentada por Waldo Frank y Eduardo Mallea, fundó la revista y editorial Sur en 1931, que promovió las obras literarias de importantes autores nacionales e internacionales hasta su finalización parcial en 1971, entre los que se encuentran Francisco Romero, Adolfo Bioy Casares, José Bianco, Federico García Lorca y Jorge Luis Borges.[2] En 1941, se instaló definitivamente en su residencia Villa Ocampo —actualmente perteneciente a la UNESCO—, que se convirtió en un sitio de recepción para figuras extranjeras como Rabindranath Tagore, Roger Caillois, Ernest Ansermet o Indira Gandhi, entre otros.
Única latinoamericana presente durante los Juicios de Núremberg, militó activamente en la oposición al peronismo, motivo por el cual fue arrestada durante 26 días en 1953. Fue presidente del Fondo Nacional de las Artes desde 1958 a 1973 y recibió diversas distinciones como así también doctorados honoris causa de distintas universidades y la Orden del Imperio Británico por parte de la reina Isabel II. Fue la primera mujer en ser elegida miembro de la Academia Argentina de Letras, en 1977.


Ascendencia

Manuel Ocampo, su padre.

La familia Ocampo desciende de un paje de Isabel la Católica, nacido en Galicia, uno de los primeros habitantes de la isla de Santo Domingo.[3] El tatarabuelo de Victoria, Manuel José de Ocampo, abandonó Perú a fines del siglo XVIII. También está relacionada por parte de la familia de su madre con el conquistador español Domingo Martínez de Irala[4] y Prilidiano Pueyrredón, retratista de los bisabuelos de Victoria, y con el poeta y político José Hernández por parte de su padre.[3] Su bisabuelo, Manuel Hermenegildo Aguirre (12 de abril de 1786-22 de diciembre de 1843), otorgó una gran fortuna al Cabildo de Buenos Aires para apoyar la causa de la Revolución de Mayo de 1810, luego de las Invasiones Inglesas. De hecho, fue amigo de Domingo Faustino Sarmiento, quien lo visitaba en algunas ocasiones.[3]
Uno de los tíos de Victoria, Enrique Ocampo, fue conocido por matar de un tiro a Felicitas Guerrero luego de descubrir un romance entre esta y Samuel Sáenz Valiente. La propia Victoria relató la historia en el primer tomo de su autobiografía: «Se encontraron con Felicitas tendida en el suelo, ensangrentada, y a Enrique con un revólver en la mano y cara de loco. No sabemos a ciencia cierta si se mató o lo mataron como a un perro rabioso... Mi abuela contaba que nunca olvidaría el grito de su madre cuando vio la cara deshecha del hijo».[5]
Los padres de Victoria, Manuel Silvio Cecilio Ocampo (3 de noviembre de 1860-18 de enero de 1931) y Ramona Máxima Aguirre «La Morena» (8 de enero de 1866-10 de diciembre de 1935), ambos de clase alta,[6] se conocieron el 11 de septiembre de 1888 durante el funeral de Sarmiento y contrajeron matrimonio el 26 de abril de 1889.[7] La biógrafa de Victoria Ocampo, María Esther Vázquez, comentó que su padre era «un hombre alto, buen mozo, refinado y distinguido. Ingeniero especializado en la construcción de puentes y caminos, que levantó en el interior del país, fue un padre de familia conservador, preocupado por ella y amante de sus hijas. De humor generalmente bueno y amable, había en él cierta tendencia natural a la melancolía». Con respecto a Aguirre, Vázquez habló de sus destacadas condiciones para ejecutar el violín, su pasión por las plantas y la definió como «una madre perfecta, cariñosa y protectora que suele resolver los problemas grandes y pequeños de la familia». Victoria siempre recalcó el sentido de honestidad de su padre y las rígidas normas que imponía su madre.[7]

Biografía

Nacimiento y primeros años

Las hermanas Ocampo durante su niñez.

Ramona Victoria Epifanía Rufina Ocampo nació el 7 de abril de 1890, a las 16.30 UTC-3, en una vivienda de la calle Viamonte 482 (casi esquina San Martín) de la ciudad de Buenos Aires, Argentina, frente a la Iglesia de Santa Catalina de Siena.[8] Casualmente, las calles San Martín y Viamonte se llamaban Victoria (por el triunfo de Argentina en las Invasiones Inglesas) y Ocampo (por sus antepasados) hacia 1810, hasta que fueron renombradas. Victoria fue la mayor de seis hermanas —las otras: Angélica (1891-1980), Francisca (1894-1967), Rosa (1896-1968), Clara (1898-1911) y Silvina (1903-1993, escritora y esposa de Adolfo Bioy Casares)—.[9] [10] De su hermana Angélica, Victoria expresó en su autobiografía: «... no imaginaba los juegos, la clase, los paseo, el comer, el dormir, el reír sin mi hermana. No imaginaba que ella no pudiera querer lo que yo quería... No había secretos entre nosotras. Nos ponían los mismos vestidos, los mismos sombreros, los mismos zapatos. Me hubiera parecido absurdo que pudiéramos vivir de otra manera que yo adelante y ella atrás... Yo exigía obediencia y ofrecía protección».[11] Durante su infancia, Victoria también desarrolló un gran cariño por su tía abuela Vitola, quien influyó considerablemente en su vida.[12] Como era costumbre en las familias aristocráticas, junto a su hermana, recibió una educación privada con institutrices; estudió literatura, historia, religión y matemática con Alexandrine Bonnemason y lengua inglesa con Kate Ellis, además de aprender piano.[12]
En 1896, ya construida Villa Ocampo, la familia Ocampo embarcó a Europa por un año, donde recorrieron París, Londres (donde asistió al Jubileo de Diamante de la reina Victoria), Ginebra y Roma.[13] [14] El primer idioma que Victoria aprendió fue el francés, seguido por el inglés y el español. De hecho, ella misma diría más adelante que «he comprobado una vez más que aquella ciudad [París] me pertenece tanto como a sus hijos legítimos, aunque yo sea su hija natural».[14]
De regreso a Buenos Aires, comenzó a ser atraída por el medio literario y ya adulta, confesó que de niña admiraba a Julio Verne, Arthur Conan Doyle, Charles Dickens, Guy de Maupassant, Daniel Defoe y Edgar Allan Poe,[15] como así también desarrolló una gran afición por el tenis y Chopin.[16] En 1901, descubrió que la escritura podía ser un desahogo y redactó sus primeros artículos y relatos en francés, entre los que se hallan L’Ideal, Chopin, Fleur étrange, A Musset y una defensa de los bóeres en la guerra de Transvaal.[15] [17] A la edad de 10 años, asistió a una obra teatral protagonizada por la compañía de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza y poco después, a otra de estilo clásico encabezada por Marguerite Moreno;[15] [18] desde aquel momento, sintió fascinación por el teatro aunque sus deseos de ser actriz fueron desaprobados rotundamente por su padre, quien consideraba que la profesión no correspondía a su situación social.[2] De hecho, llegó a decir que «si una hija mía decide seguir la carrera del teatro, ser actriz, ese mismo día me levanto la tapa de los sesos».[19] Años después, Victoria confesó que «renunciar a esta vocación fue para mí un desgarramiento... consideré mi vida fracasada».[20]
En noviembre de 1908, la familia Ocampo se trasladó de nuevo a Europa y Ocampo, de 18 años, asistió a clases de piano y vocalización, de filosofía dictadas por Henri Bergson en el Collège de France, y a la Universidad de La Sorbona, donde estudió literatura griega clásica, literatura inglesa, orígenes del romanticismo, historia de Oriente, la obra de Dante y Friedrich Nietzsche.[21] De regreso a Buenos Aires, su hermana Clara, de apenas 11 años, murió a causa de diabetes infantil y sumió a Victoria en una depresión.[22]

Amistad con Delfina Bunge

Entre 1906 y 1911, Victoria entabló una amistad con la escritora Delfina Bunge. Semanalmente, Victoria le enviaba varias cartas en francés en las que le transcribía sus propios poemas y le comentaba sus estudios y situaciones personales.[23] María Esther Vázquez publicó que «vale la pena transcribir una de esas primeras misivas: "Perdón si te molesto. Has de tener cosas mejores que hacer... Solo te pido un poco de amistad a cambio de admiración y de la ternura que siento... El aislamiento moral es doloroso. Vos no conocés esta terrible sensación de soledad... Tengo dieciséis años y a esa edad uno necesita confiar en alguien, sino el corazón estalla. ¿Querés ser amiga mía? ¿Querés escucharme?... ». De acuerdo a la propia Vázquez, Bunge consideraba a Victoria como una «criatura sufriente que no entendía el materialismo de la sociedad porteña».[23]
Victoria tenía una personalidad y posición espiritual que discernía con la de Bunge, que se había formado intelectualmente en un ámbito religioso muy estricto. Sin embargo, ambas defendieron con sus propios métodos las causas femeninas.[23] Durante la adolescencia de Victoria, Bunge (que contaba con más de veinte años) mandó a encuadernar los textos que le enviaba y se los obsequió dos años después; Victoria criticó posteriormente esos relatos como una mezcla de «clarividencia, de perspicacia y de ignorancia, de orgullo y de humildad, de aciertos y de disparates, de raciocinio y de delirio, y de faltas de ortografía».[23]
Fue Bunge a quien Victoria confesó su firme deseo de no casarse y dedicarse plenamente al arte; en una de sus epístolas, le dijo: «Esperaba demasiado de la humanidad...; el mundo que quería vivir, no existe. Aquí abajo soy una extraña. He caído de un raro y divino país y aquí bajo no hay nada que pueda satisfacerme o complacerme por completo... Quisiera fotografiar mi alma tal cual la veo, es decir, tal cual me siento».[23] El casamiento de Bunge en 1910 disolvió progresivamente la relación de amistad hacia 1911. Bunge murió en 1952 y Ocampo lamentó su fallecimiento severamente.[23]

Vida personal

Luis Bernardo de Estrada

Victoria Ocampo en una fotografía de 1913.

El 8 de noviembre de 1912, contrajo matrimonio con Luis Bernardo de Estrada, apodado «Monaco», proveniente de una familia patricia, extremadamente católica y conservadora. Se habían conocido en 1907 durante un partido de tenis en la quinta de San Isidro de Manuel Aguirre, su abuelo,[24] [25] y él había comenzado a frecuentarla en 1911.[26] Sin embargo, Ocampo tenía severas dudas respecto al matrimonio, considerando que Estrada le exigía una dependencia absoluta.[24] Rehusaba permanecer soltera toda su vida como sus tías abuelas pero también mantener una vida pasiva de mujer casada.[26] Ocampo solía recordar con indignación el caso de su abuela, que portaba un anillo de oro regalado por su esposo que tenía el grabado «Encadenada y feliz».[24] Su profesora de teatro, la actriz Marguerite Moreno, le había advertido que el matrimonio podría interferir en sus aspiraciones y frustrar su deseo de actuar.[24] En una carta a Delfina Bounge de 1909, manifestó: «temo que lo que me atrae de Jérome (apodo que representaba a Estrada) pueda también cegarme. Lo que de él conozco es lo que me da la gana conocer... no la verdad. Me gusta más la belleza de sus ojos que las cosas que dice. Por momentos veo claro en este amor. Pero el yo que se ha enamorado es impetuoso y joven. El yo que razona, le tiene miedo y se deja llevar a la rastra».[27] En realidad, Ocampo creía que el matrimonio lo haría modificar algunas de sus actitudes posesivas y desconfiadas pero no fue así.[26]
El 15 de diciembre de 1912, el matrimonio partió hacia Europa para su luna de miel en compañía de Fani, quien fuese una de las mucamas principales de la familia.[28] Ambos se separaron al poco tiempo luego de que Ocampo descubriera una carta de Estrada a su suegro en la que le aseguraba que los deseos de su esposa por ser actriz desaparecerían cuando esta quedara embarazada.[29] Cuando regresaron a Buenos Aires en 1914, ya separados, se instalaron en una casa de la calle Tucumán pero en distintos pisos, y solo se reunían para asistir a reuniones sociales de relevancia.[30] En 1922, obtuvo la separación legal.[30]

Julián Martínez

El 4 de abril de 1913, durante su luna de miel en Roma, conoció a Julián Martínez, diplomático y primo de su marido.[31] [32] Ocampo se sintió deslumbrada al verlo y temió no reencontrarlo jamás: «En el momento en que lo vi de lejos, su presencia me invadió... miraba mi boca, como si mi boca fueran mis ojos... Duró un siglo: un segundo. Nos dimos la mano. La arquitectura de la cara era de una sorprendente belleza», manifestó en su autobiografía.[31] Manuel Mujica Láinez comentó que «era un tipo estupendo, el hombre más buen mozo de su época».[31]
Sin embargo, la antipatía entre Martínez y Estrada era recíproca. En París, Ocampo convenció a su marido de invitar a Martínez al Ballet Russe y, posteriormente, lo vio en un evento en el Teatro Colón.[31] Los rumores acerca de una relación amorosa entre ambos se acrecentaron y llegaron a Estrada, quien se enfureció. Ocampo se comunicó con Martínez para averiguar el origen de estos y, a partir de entonces, se acostumbraron a telefonearse a menudo.[33] Un año y medio después, mantuvieron su primera cita y luego, ya se frecuentaban en la casa de Martínez.[33] El escándalo mayor se produjo cuando Fani, la mucama, colocó una carta de Ocampo a Martínez sobre el escritorio de Monaco, lo que originó su furia. Fue en esa época cuando se convirtió en la primera mujer en obtener el primer registro de conducir en Argentina.[34] A fines de la década de 1920, Ocampo y Martínez convivieron juntos en Mar del Plata durante dos meses y poco después, la relación acabó cordialmente luego de trece años.[35] En 1939 volvieron a escribirse; él finalizó la carta diciendo: «Mis sentimientos hacia ti no tienen nombre. Tu recuerdo está en todo lo que alienta, y en todo lo que amo».[35]

Comienzos literarios

Hacia 1917, Ricardo Güiraldes publicó su libro Xamaica, cuyo personaje protagónico, Clara Ordóñez, está inspirado en la propia Ocampo.[25] El personaje de Clara transcurre la misma niñez que ella, como así también un matrimonio conflictivo. Güiraldes incluso le pidió autorización para incluir en la novela una de sus cartas.[30]
Después, Ocampo se sintió identificada con Dante a tal punto que escribió «yo vivía a Dante»; en su Epístola a Can Grande della Scala, Dante escribió que el fin de La Divina Comedia es alejar al hombre del estado de miseria interior para llevarlo hacia un estado de alegría y de paz.[36] El 4 abril de 1920, apenas cuatro días después de su cumpleaños, editó su primera nota para el diario La Nación, titulada Babel,[37] donde realizó un comentario del Canto XV del Purgatorio y escribió sobre las desigualdades entre los seres humanos. A pesar de que estaba separada oficialmente, firmó como Victoria Ocampo de Estrada.[36] En esa época, ser colaborador de La Nación era de un gran prestigio y aseguraba una carrera literaria.[38]
La llegada de José Ortega y Gasset a Argentina en 1916 y su consiguiente amistad motivó que Ocampo perfeccionara su español.[39] Si bien se sentía más cómoda escribiendo en francés, fue calificada de «extranjerizante» por grupos nacionalistas y de izquierda, y debió adaptarse a la redacción en español.[39] Hasta 1930 todas sus notas fueron redactadas en francés para luego ser traducidas.[40] Su amistad con Ortega, quien la apodó «la Gioconda de las Pampas»,[41] declinó cuando este le comentó en una carta a una amiga que creía que Ocampo «perdía el tiempo encaprichándose con un hombre de un nivel intelectual inferior al suyo», refiriéndose a Martínez. Por su parte, la escritora dijo que «dejé de escribirle totalmente. Perder a Ortega era perder el único punto de apoyo serio que tenía en el mundo maravilloso de la literatura, donde aspiraba a entrar».[42] En 1924, después de su partida, Ortega le publicó su primer libro, De Francesca a Beatrice, traducido por Ricardo Baeza como segundo tomo de la Revista de Occidente, y redactó su epílogo.[43] La amistad entre ambos se reanudaría a principios de la década de 1930. Paul Groussac definió la obra como un «desahogo dantesco» y juzgó la «pedantería» de Ocampo.[44] [8]

La visita de Tagore

Victoria Ocampo y Rabindranath Tagore, en 1924, en el parque de Miralrío.

En 1924, Tagore fue el tema principal del cuarto artículo de Ocampo en el diario La Nación, titulado La alegría de leer a Rabindranath Tagore. Los dos anteriores habían estado dedicados a John Ruskin y Mahatma Gandhi, a quienes respetaba y exhaltaba. En cuanto a Tagore, Ocampo había leído su obra Gitanjali, su colección de poemas más famosa en la traducción de André Guide, en 1914.[45]
Tagore llegó a Buenos Aires en 1924, diez años después de su lectura. El poeta había contraído gripe durante el viaje y al día siguiente Ocampo fue a visitarlo al Plaza Hotel, donde se alojaba. Fue ella misma quien se ofreció a alojarlo en Villa Ocampo para su recuperación.[46] Ante la negativa de sus padres, Ocampo pidió prestada «Miralrío», la quinta del marido de su prima, Ricardo de Lafuente Machain, que se hallaba también en San Isidro. Sin embargo, los ocho días previstos para su recuperación se convirtieron en dos meses, por lo que Ocampo debió alquilar la casa.[47] Sentía, en sus propias palabras, una vasta admiración y entrega espiritual por Tagore,[47] quien a su vez manifestó hallarse atraído por ella e incluso le dedicó un poema en noviembre.[48]
El 4 de enero de 1925, Tagore abandonó Buenos Aires y Ocampo, apodada «Vijaya» por el autor, le obsequió un sillón que al autor agradaba mucho.[49] A partir del día siguiente, ambos iniciaron una correspondencia donde Tagore manifestó su pena de no poder permanecer más tiempo en Miralrío.[49] En 1930, volvieron a reencontrarse cuando Ocampo le organizó una exposición con sus pinturas en la Galería Pigalle de París, que luego fue llevada a Berlín y Londres. No se volvieron a ver y Tagore falleció once años después, en 1941.[49]

La APO, Ansermet y su debut como recitante

En 1924, Ocampo asistió a un concierto que Ernest Ansermet brindó en Buenos Aires, en el cual quedó fascinada.[49] Raquel Aguirre, esposa de Juan José Castro, comentó que Ocampo solía invitarlos a ella y su marido a comer y como broma les espetaba: «También viene el Chivo (apodo de Ansermet por su barba tupida)». Ambos solían discutir sobre las «bondades interiores» de Marcel Proust.[50]
Ansermet, contratado por Castro, había dirigido la APO (Asociación del Profesorado Orquestal), cuyos integrantes no ganaban sueldo, ya que la pequeña subvención de la municipalidad apenas les alcanzaba para satisfacer las necesidades del teatro y su director.[50] Ocampo se interesó por la APO y tomó conciencia de su porvenir (hasta ese momento no había una orquesta estable en Buenos Aires). Comenzó a colaborar económicamente con la APO y arengó al presidente Marcelo T. de Alvear a contribuir también.[50] De esa forma, Ansermet pudo trabajar en Buenos Aires durante tres temporadas. Hacia 1927, la subvención municipal para la APO había sido triplicada pero cuando la asociación ya estaba dispuesta a pagar los honorarios a Ansermet y su orquesta, se rompió su contrato y contrataron a otro director. Ocampo, indignada, renunció como socia protectora de la asociación.[50]

A nuestra tierra lo atrajo sentirse útil, profundamente; poder ofrecer una ayuda irreemplazable para nuestro desarrollo musical en el período de su crecimiento. Como de costumbre, no supimos aprovechar (ni aquilatar) su maestría y su generosidad sino a medias.

Victoria Ocampo, octavo tomo de Testimonios.[51]

En 1925, se estrenó El rey David, de Arthur Honegger, en el Teatro Politeama y, por medio de Ansermet, Ocampo logró realizar el papel de recitante. Según Raquel Aguirre de Castro, «estuvo tan sensacional, que se comió el espectáculo». La escritora solía decir que «esa era la profesión para la que había nacido».[50]

Su relación con Keyserling

Ocampo supo de Hermann Graf Keyserling al leer una publicación de Ortega y Gasset en la Revista de Occidente en 1927. Quedó tan entusiasmada que leyó sus libros publicados en inglés.[52] En El diario de viajes de un filósofo (1925), Ocampo halló la confirmación de lo que ella pensaba sobre la India y, según su biógrafa, «un sentido de la exaltación de la naturaleza que había experimentado hasta la emoción frente al paisaje de la pampa argentina». En El mundo que nace (1929) descubrió la atracción de Keyserling por los problemas vitales del hombre, y fue ahí cuando pensó que el filósofo estaba cerca de sus sentimientos y sus propias experiencias, sintiendo una admiración equiparable con la que había tenido con Dante.[52] Cuando Ocampo se enteró por medio de correspondencia con el conde de Keyserling que iba a publicar un nuevo libro en Alemania, Das Spektrum Europas, se contactó con su amiga María de Maeztu para comentarle sobre su deseo de que fuera traducido al español supervisado por Ortega y Gasset.[52] En 1928, Ortega le envió una carta en la que decía: «Es mi destino... navegar hacia usted cuando usted está entregada. En 1916... ignoro qué la poseía, pero era usted una posesa. Ahora la encuentro colonizada por ilusiones de Alemania y recuerdos de la India», refiriéndose a Keyserling y Tagore.[52]
Si bien Ocampo le pidió a Keyserling que arribara a Buenos Aires para ofrecer conferencias, la respuesta de este fue negativa debido a sus múltiples compromisos laborales pero supuso que podría venir en un lapso de dos años, a lo que Ocampo respondió: «Imposible predecir si el entusiasmo durará hasta entonces».[52] La correspondencia entre ambos, que perduró durante un año y medio, trataba sobre la probable visita de Keyserling y los diversos aspectos de su obra.[53] En enero de 1929, Ocampo viajó a París para encontrarse frecuentemente con el filósofo, quien creía que quería tener una relación amorosa con él.[54] En su libro América liberada, Keyserling escribió que el hombre culto solo puede adquirir la esencia de su ser si unifica el espíritu masculino con la carne femenina. La admiración de Ocampo por el filósofo se convirtió en desagrado y decepción,[54] y más adelante diría: «Keyserling parecía creer que para establecer nuestras relaciones sobre una base sólida en la comunión espiritual, debía incluirse la comunión carnal».[55] El filósofo no entendía la actitud de Ocampo, a tal punto que decidió consultarle la situación al psiquiatra Carl Gustav Jung. Finalmente, Keyserling la acusó de «gozar de mi destrucción como había gozado de mi idolatría».[55]
A su regreso a Buenos Aires, mientras estaba concluyendo los arreglos de su casa de la calle Rufino de Elizalde, Ocampo colocó sobre la chimenea un esqueleto de pescado, detalle disparatado sobre el que su padre comentó: «Deberías pedirle a Keyserling que te donara su esqueleto y podrías ponerlo a la entrada. Quedaría muy bien».[55] El filósofo vino a Buenos Aires en el otoño de 1929 para una recepción y se instaló en una suite que financió la propia Ocampo.[55] En julio, para el cumpleaños de él, le regaló un poncho de vicuña, creyendo que la generosidad del gesto lo haría reflexionar; Keyserling le envió una carta y expresó: «En otros tiempos ese recuerdo de una persona que él había querido, le hubiera parecido precioso» y la llamó «la india con flechas envenenadas».[56] Ocampo, enfurecida, solicitó la devolución de todas las cartas que le había enviado y la Embajada de Alemania tomó intervención en el asunto a favor de Ocampo.[56] En 1932, Keyserling publicó un libro, Meditaciones sudamericanas, en el que habló con odio de Ocampo y desarrolló una serie de teorías disparatadas sobre el continente americano.[56]
Keyserling falleció en 1946 y hacia 1950, su viuda le envió a Ocampo una copia de las memorias que iban a ser publicadas, en las que reconoció que la experiencia con la escritora en París había sido lo más parecido a un cuento de hadas que él había vivido, y que se sentía esclavizado por la mujer más espiritual que había conocido.[57] Ocampo, por su parte, escribió en 1951 El viajero y una de sus sombras: Keyserling en mis memorias.

Su relación con Drieu La Rochelle

En 1929, Pierre Drieu La Rochelle, luego de un almuerzo con Ortega y Gasset y Ocampo, le confesó a su esposa que había quedado enamorado de la escritora.[58] Tras un segundo encuentro con Ocampo, comenzaron a verse frecuentemente y solían realizar paseos por París.[59] Sin embargo, la escritora manifestó que los lazos de amistad que podrían unirlos serían muy frágiles y todos sus referentes musicales y literarios eran rebatidos por Drieu.[59] Fue por medio de Drieu que Ocampo conoció a Aldous Huxley y André Malraux. La escritora reconoció que «estábamos los dos perdidos en el bosque de una cruel época de transición».[60]
Ambos visitaron Normandía antes de que la escritora viajara a España. Pocos días después de su partida, Drieu le escribió: «... Lamento sinceramente que te ocupes de un tipo malo como yo; eso te amarga y no corresponde a tu carácter cordial... No solamente no tengo corazón, tampoco tengo talento... Mi querida amiga, déjame amarte con mi corazón, que es menos loco que el resto de mí».[60] Al mismo tiempo, la calificó en su diario como la «mecenas femenina» que lo auxilió con un regalo de dinero en un momento económicamente caótico.[60] En sus Testimonios y autobiografía, Ocampo tocó en múltiples ocasiones el tema de Drieu y reconoció que «sería siempre para él lo que pudo haber sido y no fue».[61]
Drieu también escribió un libro basado en un relato que Borges realizó sobre un dictador sudamericano en el que su personaje principal está inspirado en Ocampo.[61] En 1930, se reencontraron en París y visitaron juntos Berlín.[61] En mayo de 1932, invitado por Sur, Drieu llegó a Buenos Aires y entabló una gran amistad con Jorge Luis Borges e incluso,[61] hubo rumores de que mantuvo un romance con la hermana de Ocampo, Angélica.[62] Motivado por la escritora, inició un gira por el interior de Argentina donde trató temas tales como la crisis de la democracia.[62] A principios de la década de 1930, Drieu se declaró abiertamente fascista y se convirtió en colaboracionista del nazismo.[61] Se suicidó el 16 de marzo de 1945 luego de enterarse de la existencia de una orden de arresto contra él.[63] Ordenó que su testamento llegara a Ocampo, quien tuvo acceso a este junto con otras tres personas, entre ellas Malraux.[61]

La aparición de Sur

Ocampo conoció a Waldo Frank en una conferencia sobre Charles Chaplin; él le sugirió que lo visitara en Estados Unidos y fundara una revista literaria.[64] Su visita a Estados Unidos fue el primero de una serie de viajes que realizó a lo largo de la década de 1930, en los cuales visitó a varias personalidades como Jacques Lacan, Ramón Gómez de la Serna, Leo Ferrero, Sergéi Eisenstein y Le Corbusier.[65] A diferencia de los casos de Keyserling y Tagore, su amistad con Frank perduró hasta la muerte del escritor en 1967.[64]

Victoria Ocampo como directora de Sur.

Frank sugirió que la revista a fundar tratara sobre los problemas, las inquietudes y la literatura del momento. Cuando Ocampo le comentó el proyecto a su padre, le aseguró: «Te vas a fundir, Victoria».[66] La escritora heredó tres fortunas a lo largo de su vida: la de su tía Vitola, la de su madrina (que había acumulado el dinero de sus dos maridos difuntos) y la parte proporcional del patrimonio de Manuel Ocampo, su padre,[66] fallecido el 18 de enero de 1930.[67] Todo ello fue invertido en la compra de residencias y departamentos; sin embargo, cuando Juan Domingo Perón impuso la ley de alquileres, los inmuebles dejaron de dar renta y fueron malvendidos en varias ocasiones. El proyecto de Sur requirió una gran inversión y, al momento de su muerte, Ocampo no tenía suficiente dinero para abonar sus impuestos.[66]
El 1 de enero de 1931, apareció el primer ejemplar de la revista Sur,[2] que contó con la colaboración de Drieu La Rochelle, Jorge Luis Borges, Waldo Frank, Eugenio d'Ors, Walter Gropius, Ernest Ansermet y Alberto Prebisch.[68] La primera edición se agotó rápidamente con una tirada de 4000 ejemplares y fue vendida también en París y Madrid.[68] Según su cuñado, el escritor Adolfo Bioy Casares, «... fue un desafío para ella, como abrir un camino en la selva».[68] Las primeras ediciones fueron producidas en la imprenta de Francisco Colombo en San Antonio de Areco, donde se había editado en 1926 la popular obra de Ricardo Güiraldes, Don Segundo Sombra.[8] Si bien la idea del nombre (Sur) había sido idea de Frank, Ocampo se había encargado del diseño de la tapa, que contenía una flecha hacia abajo.[68]

Durante los primeros años, no había sumario que no fuera examinado, encargado por mí, de acuerdo con mis preferencias. Más tarde dejé mucha más libertad (a veces casi toda) en manos de amigos colaboradores en quienes confiaba. En 1929 habían clamado por una revista de calidad literaria: ahí la tenían, en marcha. Creo que nunca se apartó de esa línea, salvo en algún detalle sin mayor importancia para el conjunto. Las fallas fueron casi siempre de orden monetario y acarreadas por la falta de liquidez, como se dice ahora.

Victoria Ocampo, octubre de 1970.[68]

Las críticas llegaron rápidamente, y grupos nacionalistas juzgaron la colaboración de personalidades extranjeras en la revista, pensando que Ocampo quería satisfacer sólo a lectores de otros países.[68] Fue ahí cuando le escribió a su amiga María de Maeztu: «Tengo la impresión dolorosa de haber pasado un año trabajando en el desierto, para el desierto... Estoy deprimida. No se imagina usted lo mucho que he trabajado contra viento y marea».[68] [69] Hacia 1933 fue declarada «persona no grata» por la Curia, desautorizando su próxima actuación en un festival de beneficencia para ayudar a los pobres. Luego, se supo por medio de una carta de la Iglesia al presidente Agustín P. Justo que su amistad con Tagore y Krishnamurti («enemigos» de la Iglesia), y con Malraux (comunista) habían motivado la decisión.[69]

Ejemplar de la revista Sur nº 217/18 de 1952.

En 1931, aparecieron cuatro números de Sur; en 1932, dos; y tres entre 1933 y 1934. Durante el período julio de 1934-julio de 1935, la revista no apareció. Desde 1935 hasta 1953, se publicó mensualmente y fue bimestral entre 1953 y 1972. Desde 1972, solo aparecieron ediciones especiales.[70] A lo largo de su historia, tuvo entre sus colaboradores a figuras literarias como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, José Bianco, Waldo Frank, Walter Gropius, Alfonso Reyes Ochoa, Thomas Mann, Thomas Stearns Eliot, André Malraux, Henry Miller, Octavio Paz, Gabriela Mistral, entre muchos otros.[8] Como secretarios de redacción participaron Guillermo de Torre, Raimundo Lida, Ernesto Sabato, María Luisa Bastos, Peregrina Pastorino, Nicolás Barrios Lynch, Enrique Pezzoni y los ya mencionados Bianco y Borges.[71]
En 1933, Ocampo fundó la editorial Sur con el fin de ayudar a solventar la publicación y divulgar la literatura extranjera más relevante de la época.[70] En el mismo año, la editorial publicó por primera vez en español a D.H. Lawrence (algunas traducciones de Lawrence pertenecen a la madre de Borges, Leonor Acevedo); El romancero gitano, de Federico García Lorca; y Contrapunto, de Aldous Huxley.[70] En 1936, se publicó La condición humana y, al año siguiente, Orlando y Un cuarto propio, de Virginia Woolf y traducidos por Borges. Ocampo realizó algunas traducciones de autores como Albert Camus, Graham Greene, T.H. Lawrence y Dylan Thomas.[70]
Sur significó un medio importante para los escritores jóvenes. Julio Cortázar escribió que «... nos ayudó a los estudiantes que en la década de 1930 al 1940 tentábamos un camino, titubeando entre tantos errores, tantas abyectas facilidades y mentiras», mientras que Rafael Alberti dijo que «esa revista y esos libros nos ligaban al mundo de la cultura».[70] Según Octavio Paz, «Sur no es sólo un revista o una institución: es una tradición del espíritu... [Victoria] ha hecho lo que nadie antes había hecho en América».[65]

Entrevista con Mussolini, Virginia Woolf y debut con Stravinsky

A principios de los años de 1930, Ocampo fue designada presidente del directorio del Teatro Colón. El cargo fue breve; renunció con el arquitecto Alberto Prebisch, Rafael González y Juan José Castro luego de que un miembro del Concejo Deliberante quisiera integrar a una mujer de escasas condiciones artísticas en el ballet.[72]
En septiembre de 1934, Ocampo y Eduardo Mallea fueron invitados por el Instituto Interuniversitario Fascista de Cultura a dar una serie de conferencias en diversas universidades italianas a pesar de que no simpatizaban con el régimen de Benito Mussolini.[72] Mantuvo una entrevista con él, donde lo interrogó sobre la condición de la mujer en el Estado fascista. Mussolini le dijo que el primer deber de la mujer era el de dar hijos al Estado, a lo que Ocampo le pregunto: «Pero, ¿podría la mujer colaborar de otra manera con el hombre?». «No», respondió Mussolini. En su ensayo La historia viva, la escritora habló de su miedo de que el Duce lleve a su país a una guerra y de que las mujeres produzcan hijos para la muerte como instrumentos de Estado.[73]
Durante una estadía en Venecia, la prensa gráfica la definió como la «embajadora intelectual de un pueblo nuevo» y elogió su fluidez con el idioma italiano.[73] Poco después, en noviembre de 1934, Ocampo conoció a Virginia Woolf, que definió a la escritora como «la opulenta belleza de la millonaria de Buenos Aires».[74] En enero de 1935, Woolf le envió una carta Ocampo en la que le espetó: «... no permita que me hunda en la niebla. Cuénteme lo que hace, a quién ve, cómo es el país... Y por favor, nunca piense que soy fría porque no escribo. Me cansa tanto escribir».[75] Ocampo invitó en varias ocasiones a Woolf y su marido Leonard a Buenos Aires pero la salud de la escritora inglesa lo impidió.[75] Según Borges, Ocampo se sentía en inferioridad de condiciones frente a Woolf «como el escolar frente al maestro sabio y severo, que lo está juzgando continuamente».[75] En 1939, viajó a Londres y llevó a la fotógrafa Gisèle Freund para que tomara unas fotografías a Woolf que luego serían ampliamente reconocidas. Su suicidio, en marzo de 1941, significó un duro momento para Ocampo y, a modo de homenaje, en 1954 publicó Virginia Woolf en su diario.[76]
En 1934, tuvo ocasión de presenciar la obra de ópera y ballet Pershépone, de Ígor Stravinsky y luego de la misma, le organizó una gira por Brasil, Uruguay y Argentina. Stravinsky aceptó pero pidió que fuera su recitante durante la obra. Si bien al principio no fue autorizada para ejecutar el papel en Buenos Aires por ser persona no grata, Stravinsky originó un escándalo a fin de que fuera aprobada y las autoridades cedieron.[77] En 1936, fue designada vicepresidenta del Congreso Internacional del PEN Club.[78]
En su ensayo de 1936 titulado La mujer y su expresión, la escritora reflexionó acerca de la marginación de las mujeres en el contexto patriarcal y sobre su dificultosa relación con la cultura moderna, aspectos que de algún modo sintetizan el problema de la búsqueda de una expresión femenina autónoma. Ella definió ese estilo de escritura al que aspiró como un modo dialógico, que incorporó la palabra ajena en el discurso propio, diferenciándolo de la expresión monológica que sería propia de los varones en una cultura androcéntrica.[4]

La Unión de Mujeres Argentinas

En una entrevista con Danubio Torres Fierro para la revista Plural, Ocampo le dijo: «No me hablen de nuestro deber como mujeres de ayudar al triunfo del marxismo o de lo que fuere con la promesa de que su éxito nos proporcione el goce de todos nuestros derechos. No, no, no. Primero tiene que cambiar la situación de la mujer en el mundo. Después vendrán otros cambios que surgirán de ése y no viceversa».[79] Ocampo no estaba afiliada a ningún partido político ni a ninguna asociación feminista.

Victoria Ocampo en su juventud.

En marzo de 1936, fundó la Unión de Mujeres Argentinas con ayuda de sus amigas Susana Larguía y María Rosa Oliver, al mismo tiempo que se llevaba a cabo la Guerra Civil Española.[79] [80] Poco después, le escribió a María de Maeztu: «Si el fascismo triunfa en España, estamos perdidos en América».[80] El régimen fascista avanzaba en la Argentina y se propuso reformar la ley 11 357 para que la mujer casada no gozara de los derechos civiles que le habían sido otorgados en 1926. Con esa reforma, no podía disponer de su persona ni de sus bienes y dependía para absolutamente todo del género masculino.[80] La finalidad de la Unión de Mujeres Argentinas era impedir la promulgación de la ley citada, mediante la presión de mujeres de todas las clases sociales agrupadas en la UMA. Ocampo fue elegida presidente de la misma en un momento en que ya era conocida por su lucha como defensora por los derechos de la mujer.[79]
La UMA comenzó a expandirse y se formaron subcomisiones y filiales en ciudades del interior, a la vez que se ofrecían conferencias y reuniones públicas e imprimían panfletos donde se divulgaba la necesidad de obtener:

  1. Los derechos civiles y políticos de la mujer.

  2. El incremento de leyes protectoras de mujeres en la industria, la agricultura o el servicio doméstico.

  3. Amparo a la maternidad.

  4. Protección del menor.

  5. Desarrollo cultural y espiritual de la mujer.

  6. La paz mundial.

  7. Disminución y prevención de la prostitución.[79]

Los panfletos, muchos redactados por Ocampo, se vendían en las esquinas por dos centavos. Uno de los más populares fue La mujer, sus derechos y sus responsabilidades.[81] En una oportunidad, dos jóvenes que vendían los panfletos fueron detenidas y demoradas en la comisaría. El juez que intervino en el asunto aseguró que las hubiera enviado a la cárcel de no ser porque había 20 000 mujeres apoyando la UMA.[81] Paralelamente, un presbítero acusó a Ocampo de propiciar la proliferación de madres solteras. Un legislador declaró que se podía aconsejar a los maridos que hubieran descubierto la falta de virginidad de sus esposas en el acto de consumación del matrimonio, que exigieran su anulación.[81]
En agosto de 1936, propició un discurso radial transmitido simultáneamente en España sobre La mujer y su expresión con el fin de fomentar la solidaridad entre las mujeres de todo el mundo. Finalmente, la UMA logró su objetivo y el proyecto de la reforma fue anulado.[81] En 1938, renunció como presidente de la UMA al descubrir que los socios comunistas estaban utilizando la organización para beneficio propio.[81]

La correspondencia con Gabriela Mistral

Su relación con la premio Nobel Gabriela Mistral comenzó en 1934, cuando se conocieron personalmente en Madrid por medio de María de Maeztu. Mistral aprovechó el encuentro para reprocharle el hecho de haber nacido en la sociedad más cosmopolita del sur, su afrancesamiento y no haber buscado un acercamiento con Alfonsina Storni.[82] Poco después, Mistral le escribió que «ha sido descomunal mi sorpresa de hallarla a usted criolla, tan criolla como yo, aunque más fina» y agregó que «desde que leí su primer libro supe que usted entraba en la escritura literaria con cuerpo entero. Si yo creyese... que su radio de influencia no es sino un grupo de señores snobs, no perdería mi tiempo escribiéndole».[82]
Alicia Jurado, autora de La amistad entre Gabriela Mistral y Victoria Ocampo (1991), escribió que «su amistad... puede clasificarse en dos períodos: el primero, en que se tratan de usted y el segundo en que se tutean. El mayor encanto de este epistolario es el lenguaje de Gabriela, seguramente el de su hablar natural, lleno de términos peculiares y de giros donosos..., castizo, salpicado de arcaísmos o de voces empleadas con acepciones hoy en desuso: una lengua llena de gracia y de sabor criollo...».[83]
Mistral se refería a Ocampo como «Vic.», «Vict.» o «Votoya», apodo que había recibido en Mar del Plata por parte de un niño.[84] En marzo, abril y mayo de 1938, Mistral viajó a Argentina y la hospedó en su casa marplatense, en su otra casa de San Isidro, y en Buenos Aires. Según María Esther Vázquez: «Durante su estadía, Gabriela descubre que Victoria no sólo es criolla en su lenguaje sino también en su modo típicamente argentino de ver las cosas y en la utilización, además, de ciertas expresiones gruesas y de palabrotas que había aprendido del "Tata" Ocampo...».[84]
La editorial Sur publicó en 1938 Tala, de Gabriela Mistral.[84] En contestación a una carta de Ocampo sobre sus problemas íntimos, Mistral le agradeció en 19 carillas la confianza que le había dispensado y le dio consejos sobre su relación con Mallea,[85] que en 1938 cedió su cargo en Sur a José Bianco.[86] Alrededor de 1937, Mistral, enferma, le pidió a Ocampo que cuidase de su sobrino, Yinyin, de apenas 14 años, con el fin de que no deba vivir en un orfanato. Sin embargo, Yinyin se suicidó en 1943 y Mistral nunca se recuperó de esa tragedia;[85] falleció de cáncer de páncreas y diabetes en 1957.

Período de guerra y Juicios de Núremberg

En 1938, el sociólogo francés Roger Caillois llegó a Argentina con el fin de dar un curso.[87] Al presentarlo públicamente, Ocampo explicó: «El curso que hemos organizado bajo los auspicios de Sur se propone esclarecer, de manera concreta, las convergencias o los conflictos de estos dos órdenes de necesidades: las que se originan en la vida colectiva y las que derivan de la parte social del ser humano». La visita de Caillois, planeada para tres semanas, se convirtió en una estadía de cinco años, durante los cuales se hospedó en Villa Ocampo.[88]
José Bianco se había hecho cargo de la secretaría de redacción de Sur en 1938, pero sus viajes al exterior hicieron que Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato y Raimundo Lida ocuparan ocasionalmente su puesto.[89] Borges y Ocampo no compartían los mismos puntos de vista de cómo dirigir una revista literaria, y a menudo discutían severamente.[89] Sin embargo, en julio de 1942, Sur publicó Desagravio a Borges ante el hecho de que el jurado del premio Nacional desconociera la importancia de El jardín de los senderos que se bifurcan y le negara el premio al escritor.[90] A su vez, Ocampo auspició generosamente, sin que él lo supiera nunca, sus primeras conferencias cuando fue removido de su puesto en la Biblioteca Municipal Miguel Cané y designado inspector de aves, huevos y conejos en las ferias por el gobierno de Juan Domingo Perón en 1946.[91] También se hizo cargo de las primeras operaciones de vista que sufrió el escritor.[91] Según María Esther Vázquez, la relación entre ambos «fue mala por algo que parece una estupidez, pero no lo es... Borges le debió muchísimas cosas a ella y en algunos aspectos fue un poco desagradecido».[92] La generosidad de Ocampo también se pudo apreciar cuando financió los estudios de ingeniería del hijo de su mucamo que había perdido a su madre cuando era niño.[91]
Antes de iniciarse la Segunda Guerra Mundial, Ocampo salvó la vida de la fotógrafa judía Gisèle Freund al enviarle una visa y dinero para salir de Francia.[60] Cuando este país fue invadido, dedicó varias notas en Sur al hecho y dio apoyo espiritual y material a los diversos comités de ayuda, como lo había hecho durante la Guerra Civil Española.[91] En mayo de 1943, viajó a Estados Unidos invitada por la Fundación Guggenheim para hacer una gira de conferencias alrededor del país al cual, rompiendo con su costumbre viajar por mar, decidió tomar un avión.[91] De regreso a Buenos Aires, cuando París fue liberada en 1944, asistió a una manifestación de mujeres que se congregaron en Plaza Francia para celebrar el acontecimiento. Durante la misma, Perón ordenó dispersar a las manifestantes con la policía montada y hubo atropelladas y heridas, además de acusarlas de desorden en la vía pública.[93] En 1946, fue invitada por el gobierno británico a asistir a los Juicios de Núremberg en un avión de la RAF con el fin de presenciar parte de los juicios a los criminales nazis de guerra.[94] Fue la única latinoamericana en estar presente durante los mismos.[95] En 1950, recibió por parte de Borges el Gran Premio de Honor de la SADE, en la casa donde había nacido su madre.[96]
Ocampo publicó dos libros sobre el militar y escritor británico Lawrence de Arabia: 338171 T.E. (1942), un ensayo traducido al francés y al inglés, y Lawrence de Arabia y otros ensayos (1951), publicado por la editorial madrileña Aguilar. En seis de sus diez Testimonios, habló sobre él reiteradas veces; según Ocampo, los hombres que más la impresionaron a lo largo de su vida fueron Lawrence y Gandhi: «Incrédulo uno, el otro creyente... Ambos convencidos de que sólo la energía espiritual obra milagros. Ambos fieles durante su vida y hasta la muerte a ese ideal», dijo.[97] El desprecio por el dinero, el renunciamiento de Lawrence a su grado militar y su libro Los siete pilares de la sabiduría, entre otras particularidades, llamaron la atención de Ocampo,[98] que viajó a Estados Unidos en 1943 y obtuvo una copia de su manuscrito, The Mint, depositado en la Biblioteca del Congreso de Washington. Sobre esa situación, la escritora dijo que «la emoción de ese encuentro, con que había soñado,... me paralizaba a tal punto que pasó algún tiempo antes de que abriera el volumen».[98] Ocampo tradujo ocho capítulos de The Mint en 1951 en colaboración con Enrique Pezzoni y Ricardo Baeza.[98] Con anterioridad, en 1946, había conocido al hermano de Lawrence, Arnold, y su madre, pudiendo así conseguir detalles íntimos de su entorno familiar.[98]

Peronismo y arresto

Cuando Perón anunció el 26 de julio de 1946 que daría el voto a la mujer, Ocampo se indignó al pensar que obtendría un derecho a través de un gobierno antidemocrático.[99] [2] En 1951, una cruz fue pintada en la entrada de su residencia Villa Ocampo, lo que la señalaba como «oligarca disidente». Temiendo que allanasen sus propiedades y destruyeran sus papeles y correspondencia, despachó todo el material en una serie de valijas a sus hermanas, amigos y demás familiares. Las cartas dirigidas a personas fuera de Argentina las entregaba a allegados que viajaban.[100]
El 8 de mayo de 1953, menos de un mes después de que estallaran dos bombas en Plaza de Mayo durante un acto de la CGT, Ocampo fue arrestada y allanada durante una estadía en Mar del Plata por cinco oficiales de policía y un comisario, y posteriormente remitida a Buenos Aires.[101] Fue interrogada largamente en el Departamento de Policía y permaneció dos días sin ingerir alimentos hasta que, con 63 años, fue trasladada a la cárcel femenina de El Buen Pastor, en San Telmo, como presa política. Ahí estuvo en contacto con prostitutas y demás criminales recluidas, procesadas o condenadas por delitos comunes.[102] Dos días después de su arresto, su amiga Susana Larguía, compañera fundadora de la UMA, también fue encarcelada.[102] Con anterioridad, Norah Borges y su madre, Leonor Acevedo, de entonces 77 años, habían sido arrestadas acusadas de escándalo en la vía pública.[103] Ocampo comentó luego que «en la cárcel uno tenía la sensación de que tocaba fondo, vivía en la realidad».[104] La noticia de su arresto llegó al extranjero y Aldous Huxley y Waldo Frank encabezaron el Comité Internacional para la Liberación de los Intelectuales Argentinos, mientras que The New York Times publicó una nota de protesta exigiendo la libertad no solo de Ocampo, sino también de Francisco Romero, Adolfo Lanús, Roberto Giusti, entre muchos otros.[105] El primer ministro de la India, Jawaharlal Nehru, insistió en la liberación de la escritora y Gabriela Mistral le envió un telegrama a Perón el 27 de mayo con el mismo fin.[105] Finalmente, Ocampo fue liberada en la noche del 2 de junio luego de 26 días de arresto. Desde su salida hasta el derrocamiento a Perón en 1955, fue vigilada estrechamente; de hecho, cuando Stravinsky le pidió en dos ocasiones que fuera recitante de nuevo en Perséphone en Italia y Estados Unidos, la policía no le otorgó el certificado de buena conducta para obtener el pasaporte.[106] Paralelamente, tuvo serios problemas económicos debido a sus grandes inversiones para Sur. El hecho se lo confesó a Gabriela Mistral que, tras declinar una invitación que le realizó en 1956 para que la visitara, le confirmó la pérdida de 85 000 pesos argentinos en el 25º aniversario de su revista.[6]

Carrera posterior

Reconocimiento y renuncia de Bianco

En 1958, fue designada presidente del Fondo Nacional de las Artes y en 1962,[106] a los 72 años, Francia la nombró Comendadora de la Orden de Artes y Letras, donde pronunció: «... Una vez más he saboreado material y espiritualmente a París... Lo que los franceses me dan lo acepto como un certificado de amor a Francia... A mi amor se dirige, y es mi amor, no yo, quien se siente digno de él».[107]

El equipo de redacción de Sur en 1961: Ocampo, en el centro, entre Adolfo Bioy Casares, Alicia Jurado y Borges.

Al mismo tiempo, José Bianco renunció a su puesto después de una severa discusión con Ocampo originada por su viaje a Cuba en 1961, dos años después de la Revolución Cubana. Bianco se negó a declarar que no realizó ese viaje como representante oficial de Sur sino privadamente e invitado por la Casa de las Américas.[108] Ambos se reconciliaron poco después y en una entrevista a Primera Plana, Bianco declaró que Sur era una revista apolítica y ampliamente abierta.[71] Según Ocampo, «las visiones políticas se agudizaron de manera alarmante. Sur llegó a sufrir el descuartizamiento de Ravaillac, sin merecerlo. Tal vez algunos se figuren que lo mereció... Amigos muy queridos pidieron, por razones extraliterarias, que borráramos su nombre del comité de colaboración. El primero fue Drieu La Rochelle, el segundo Ortega y Gasset... lo mismo Sabato, que luego pidió que lo reintegráramos».[71] [72] A comienzos de los años de 1950, Pablo Neruda había acusado a Sur de publicar la obra de «espías internacionales» y «colonialistas». Ocampo respondió a la crítica con una nota breve de tono humorístico y, por otra parte, Neruda le dedicó un poema titulado «Ahora canta el Danubio» donde la apoda «Madame Charmante». Diez años después, Neruda se convirtió en un ferviente admirador de Ocampo y la elogió en una reunión del PEN Club en Nueva York.[72]
En 1962, colaboradores, amigos y admiradores de Ocampo le rindieron un homenaje. Las cien colaboraciones reunidas fueron adjuntadas bajo un volumen titulado Testimonios sobre Victoria Ocampo, con comentarios de Jawaharlal Nehru, Leonard Woolf, Graham Greene, Jacques Maritain, Le Corbusier, Marguerite Yourcenar, T.S. Eliot, entre otros.[109]

Fotografía de Ocampo en la década de 1960.

En 1964, la revista rindió homenaje a Ezequiel Martínez Estrada con motivo de su muerte. Ocampo había tenido un gesto de generosidad para con él, cuando buscó un médico reconocido para tratar su rara enfermedad dermatológica y lo sustentó económicamente, al igual que con Héctor A. Murena.[110] Cuando Rafael Alberti cumplió 60 años y 25 de exilio en Argentina, Sur le llevó a cabo un homenaje también y en 1968, Neruda publicó un poema de Oliverio Girondo en la revista.[109] En 1965, al recibir el premio María Moors Cabot, habló de «la lucha contra la invasión de elementos políticos que en este momento intervienen en todo y premian la entrega de las conciencias así como castigan toda actitud independiente».[110] En el mismo año, fue condecorada junto con Borges con la Orden de Comendador del Imperio Británico por la reina Isabel II. Paralelamente, recibió el premio Vaccaro; en 1966 fue declarada miembro de la Academia de Roma; en 1967 se le otorgó el doctorado honoris causa de la Universidad de Harvard y el Instituto Popular de Conferencias le entregó el premio Alberdi-Sarmiento.[111]
De sus viajes a Estados Unidos a lo largo de la década de 1960, Ocampo presenció el gran apagón de doce horas del noreste estadounidense de 1965. La experiencia quedó registrada en el relato Manhattan a vela del séptimo tomo de sus Testimonios, dedicado a su hermana «Pancha», que murió repentinamente en octubre de 1967.[111] En junio del año siguiente, falleció su hermana Rosa.[111] En 1968, recibió en Villa Ocampo a Indira Gandhi, quien luego le entregaría el doctorado honoris causa de la Universidad de Visva Barathi.[111]

Enfermedad

En 1963, durante un viaje a París, comenzó a padecer fuertes dolores en su boca y al año siguiente, debió ser intervenida quirúrgicamente en el Instituto del Diagnóstico luego de ser diagnosticada con cáncer bucal. Debió utilizar una prótesis que le permitía comer, beber y hablar. Se mantuvo estable hasta que años después, en un viaje a Estados Unidos, sufrió una recaída y debió someterse a una operación y tratamiento nuevos. En marzo de 1968, se fracturó una pierna, por lo que debió guardar reposo en su residencia de Mar del Plata.[112]

Últimos años

En 1970, tras años de posposición, le dedicó tres números de Sur a la mujer (326, 327 y 328) reunidos en un volumen que se publicó en 1971, con comentarios de Indira Gandhi, Golda Meir, Alicia Moreau de Justo, Ernesto Sabato, Roberto Arlt, entre otros. También se incluía una encuesta anónima destinada a indagar qué pensaba la mujer de su papel en el mundo y otra, realizada a mujeres relevantes de la Argentina, en lo que se refiere a las leyes que deben regir el control de la natalidad y el aborto.[113] Doris Meyer declaró que «por su espíritu de orientación este número especial de Sur se anticipó en cuatro años a los objetivos del Año Internacional de la Mujer... transmitía un mensaje de solidaridad».[113] En noviembre de 1970, un artículo publicado en el diario La Nación informó el cese de la publicación de la revista Sur. Sin embargo, diez meses después apareció el ejemplar número 326-328, en el cual se anunciaba como revista bianual, pero se trató de la última edición activa realizada en vida de la escritora, ya que los demás números se dedicaron a reeditar antologías de trabajos ya publicados.[43]

Victoria Ocampo en sus últimos años.

En 1973, dos motivos principales concurrieron para que las hermanas Ocampo donaran sus residencias de Villa Ocampo y Villa Victoria a la UNESCO. El primero de ello fue los graves problemas económicos y el segundo, la clara intención -en especial de Victoria- que ambas propiedades fueran conservadas por el mayor organismo internacional dedicado a la ciencia y la cultura «para ser utilizadas, con un sentido vivo y creador, en la producción, investigación, experimentación y desarrollo de las actividades culturales, literarias, artísticas y de comunicación social tendientes a mejorar la calidad de la vida humana, la cooperación internacional y la paz entre los pueblos» desconfiando tanto del cambio de finalidad como de la adecuada conservación que el populismo peronista pudiera darle a ambos bienes, en caso que decidieran donarlos al estado argentino.[6] Desde ese entonces, la UNESCO se hizo cargo del mantenimiento y ambas podían utilizarla hasta su muerte.[114]
En 1975, fue invitada como huésped de honor al congreso con motivo del Año Internacional de la Mujer pero, debido a las tendencias marxistas de la celebración, decidió no asistir y enviar un mensaje por medio de Fryda Schultz.[115] Ocampo renunció al Fondo Nacional de las Artes en 1973, alegando: «Por desgracia, en arte popularidad no es invariablemente sinónimo de calidad. Y sin calidad no hay arte... En cuanto a mí, lo poco que he agregado a la labor de ustedes ha sido inspirado por el deseo de servir a mi país».[116] En junio de 1977 se convirtió en la primera mujer en ser elegida miembro de la Academia Argentina de Letras por votación de sus pares.[8] En noviembre, se iniciaron en Villa Ocampo las Jornadas del Diálogo de las Culturas, que finalizaron en diciembre.[8] El material del encuentro fue reunido en la edición 342 de la revista Sur.[117] Si bien asistió a todas las jornadas, su salud había desmejorado considerablemente. Según sus allegados, se negaba a ingerir los calmantes para mitigar el dolor ya que la obnubilaban y pocos la visitaban, entre ellos, monseñor Eugenio Guasta.[118] A pesar de su delicado estado de salud, logró publicar en 1978 una traducción de Oda jubilar, de Paul Claudel.

Fallecimiento

Ocampo pasó sus últimos meses postrada sobre su cama y transcurrió la Navidad y Año Nuevo prácticamente sola.[119] Su sobrina, Dolores Bengolea, relató que «yo la vi una semana antes de morir,... tenía unida la boca con la nariz, estaba horriblemente dolorida, sufría mucho... Victoria no hablaba, tenía una pizarrita donde escribía». El 24 de enero su salud se agravó; según Miné «esa mañana había venido un médico para darle una inyección; imagino que sería una especie de quimioterapia. Ella no quería; al fin, cuando aceptó, le dijo al médico que lo hacía bajo su exclusiva responsabilidad. Pero no la pudo soportar».[120] En la madrugada del 27 de enero, ingresó en coma y falleció a las 9 UTC-3.[119] Tenía 88 años. Sus restos fueron inhumados a las 10.30 h del día siguiente en la cripta familiar del cementerio de la Recoleta. Durante el funeral, Ángel Battistessa, presidente de la Academia Argentina de Letras, despidió sus restos diciendo: «A veces basta la desaparición de una persona, para que toda una generación quede disminuida».[8] Por su parte, Borges comentó: «En un país y en una época en que las mujeres eran genéricas, ella tuvo el valor de ser un individuo. Estoy agradecido personalmente por todo lo que hizo por mí, pero sobre todo, estoy agradecido como argentino por todo lo que hizo por la Argentina».[37]
Ocampo dispuso que después de su muerte, a modo de autocensura y de respeto de sus más íntimos pensamientos, se cumpliera su deseo expreso de quemar determinados manuscritos, cartas y carpetas, entre ellos los relativos a su salud. Su amiga y administradora en sus últimos años de vida, Matilde Díaz Vélez, y la prima de la escritora, Josefina Dorado, junto con el personal de Villa Ocampo, se encargaron de cumplir la petición.[121]
Luego de su muerte y según su petición, entre 1979 y 1984, se publicó su autobiografía (dividida en seis tomos), la cual había comenzado a escribir en 1952.[122] Su hermana Angélica le sobrevivió apenas un año y falleció el 21 de enero de 1980.[12]

 


 

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