- BUENOS AIRES - ARGENTINA - © EL ELECTRON

 

A 25 años del mejor gol y más grande título

En la semana del 22 al 29 de junio del presente se cumplen veinticinco años de un hecho deportivo sin precedentes e inigualable para los aficionados argentinos que se puede dividir en dos partes. Por un lado la concreción del mejor gol de todos los tiempos en los pies de Maradona y por otro lado, aunque afín, la coronación de la albiceleste como Campeona Mundial.

Efectivamente en aquél junio del 86 se disputó en México una nueva edición del Mundial de Fútbol. Argentina, que había clasificado con suspenso, se presentó con un equipo duro muy bien trabajado en lo táctico-estratégico por su Director Técnico Carlos Bilardo. A ese andamiaje se le sumaba la perla de la presencia del por entonces candidato a convertirse en mejor jugador del planeta: Diego Armando Maradona. La albiceleste sorteó sin problemas la fase de grupos y se aprontó para los cruces decisivos. Allí superó consecutivamente a varios ex Campeones Mundiales como Uruguay, Inglaterra y Alemania además de Bélgica, para alzarse con el máximo trofeo.

De aquél certamen sin dudas quedará grabado primero el 22 de junio del 86. En esa ocasión el elenco nacional se enfrentó por cuartos de final con Inglaterra. Nadie quiso ni quiere mezclar el hecho deportivo con el político pero inevitablemente ese partido tuvo connotaciones especiales. El suceso reciente de Malvinas, la rivalidad de siempre, la instancia del torneo, etc, enmarcaron al cotejo dentro de un clima muy peculiar.

Argentina ganó y se quedó con la llave pero además ocurrieron dos hechos que marcaron ese partido para siempre. La famosa " mano de Dios " con que Maradona hizo el primer tanto y desde ya el segundo de Diego que significó el mejor gol de la historia en los Mundiales.

Luego llegó la semifinal y triunfo del equipo nacional dos a cero contra Bélgica con dos joyas de Maradona. Y después si, lo otro que quedará grabado. El 29 de junio, la final con Alemania y el agónico tres a dos con la memorable corrida de Burruchaga. La doble ventaja inicial del conjunto de Bilardo, el empate teutón y el delirio final con el desequilibrio.
En lo personal recuerdo aquéllos tiempos juveniles cuando viví esta fiesta ecuménica con el fervor y la pasión de un hincha argentino más pero con el aditamento que otorgaba el alborotamiento de aquélla etapa de la vida. Los partidos tenían su rito a cumplir, cada jugada iba acompañada del aliento y cada gol se convertía en un paroxismo. Evoco el golazo de Maradona y mi actitud ante él. Me arrodillé frente al televisor y heché mi cuerpo hacia atrás hasta el piso, todavía lo podía realizar, mientras vociferaba " Diego sos un fenómeno ". Recuerdo las jornadas en que jugaba Argentina. Reunión de amigos, café, sufrimiento, grito y gozo. Amigos, algunos, que se perdieron por los caminos de la vida y que hoy afloran del baúl de los recuerdos como aflora la evocación de ese magno evento. Salir a festejar y recorrer las calles en caravana con la compañía de los afectos. Saltar, cantar, brindar y abrazarse con desconocidos formaron parte de las acciones festivas.

Pasaron los años, un cuarto de siglo, pasó nuestra juventud pero quedaron ancladas en el tiempo y guardadas para siempre en nuestras retinas las imágenes deportivas y personales de esos días. El Mundial, Maradona, los amigos, los goles, el café, la " mano de Dios ", los festejos y abrazos, " el barrilete cósmico ", Burruchaga, el viejo televisor, Bilardo, el equipo, el mejor gol, el título, la caravana, la locura ... .
Por suerte innumerable cantidad de argentinos como yo pudimos vivenciarlo y hoy lo podemos contar. Ojalá que una necesaria y diferente dirigencia del fútbol nacional conjuntamente con las nuevas generaciones de jugadores trabajen y luchen para intentar acceder algún día a una gesta deportiva de aquél tamaño. Materia prima y pasión futbolera es lo que nos sobra. Es un mandato sagrado y soberano de unos de los pueblos más futboleros del mundo. Su deseada concreción revivirá y redimirá la colosal fiesta del 86.


Glenn Miller

 

 

VOLVER AL BAUL DE LOS RECUERDOS