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Astor Piazolla hubiera cumplido 90 años

El 11 de marzo de 2011 el brillante y discutido músico Astor Piazolla hubiera cumplido noventa años

Tocaba el bandoneón parado, con un pie apoyado sobre la silla para arrimarlo sobre su rodilla. Los que lo vieron dicen que era algo majestuoso e imponente. Otro tanto –y no eran pocos– dice que lo que hacía era cualquier cosa menos tango. Pero a 90 años de su nacimiento, Buenos Aires sigue dejándose inundar por la música de Astor Piazzolla, el hombre que no solo revolucionó el tango sino la misma música.

“En el caso de Piazzolla –escribe Luis Pujol– podemos preguntarnos qué dirección hubiese tomado su música de no sobrevenir la crisis del tango. Pero el tango entró en crisis. Y Piazzolla –al que en su momento algunos acusaron, desmedidamente, de ser uno de los responsables de esa crisis– la sobrevivió con un planteo estético claramente separado de la tradición. Reinventó el tango reinventándose a sí mismo”.


Nació en Mar del Plata el 11 de marzo de 1921, pero el verdadero nacimiento del Piazzolla ocurrió, según Ricardo Ostuni, en París, en 1953, cuando fue a estudiar con la francesa Nadia Boulanger. Como contó el mismo Piazzolla en una entrevista, no quería confesarle que tocaba el bandoneón y no el piano. Cuando finalmente se lo dijo, ella lo obliga a tocar una de sus composiciones. “De repente abre los ojos, me toma de la mano y me dice: ‘pedazo de idiota, ¡esto es Piazzolla!’”.

Fue ese el instante en que Piazzolla comenzó a creer en Piazzolla. “Me enseñó a creer que mi música no era tan mala como yo pensaba. Pensé que era algo así como un pedazo de mierda porque tocaba tangos en un cabaret, pero yo tenía algo llamado estilo. Sentí una especie de liberación del tanguero-vergüenza que era yo”, dijo Piazzolla.
Sería Nueva York la ciudad en que comenzó a entablar esa relación perfecta con el bandoneón.

Cuando tenía cuatro años, se mudó con su familia hacia Nueva York, en busca de un futuro mejor. Allí, a los seis, recibió de su padre un regalo para bien de la historia musical: el fuelle, como le dicen también a ese instrumento. Tomó clases con Andrés D’Aquila. A los 10 graba Morionete Spagnol, en 1931.

Su camino por la música sería de descubrimientos y encuentros. Descubrió a Bach y conoció a Carlos Gardel. Lo acompañó en ciertas oportunidades con el bandoneón y actuó como canillita en la película ‘El día que me quieras’. Pero como Piazzolla mismo reconoció: “para entender y amar a Gardel, uno tiene que haber pasado por Buenos Aires, conocer el mercado del Abasto, y yo solo era un chico de trece años que vivía en New York”.

En 1936 regresó con su familia a la ciudad costera de Mar del Plata, pero dos años más tarde se fue a vivir solo a Buenos Aires y comenzó ese peregrinaje hasta convertirse en inmortal. En 1939 formó parte de la orquesta de Aníbal Troilo, quizá el más sublime en el momento de tocar el ‘fuelle’. Pero quería más con la música y estudia con Alberto Ginastera.

En 1946 creó su primera orquesta, la Típica de Astor Piazzolla, que no diferiría del tradicional, aunque ya comenzaba a generar polémicas y escándalos, como aquella de la Facultad de Derecho, cuando presentó ‘Buenos Aires, tres movimientos sinfónicos’, en 1952.

Siempre tuvo que lidiar en contra de los tradicionalistas del tango que aún subsisten, aunque serán cada vez más los tangueros, los músicos, que sentirán su influencia. “Eso no es tango”, decían lapidariamente. En 1950 la disolvió al grito de “¡ya no quiero saber más con el bandoneón!”. Paradójicamente, 'Tres movimientos sinfónicos' ganó el premio Fabián Sevitzky y se marchó a París para estudiar con Boulanger.

De vuelta en Buenos Aires, en 1955 empieza su revolución al crear El Octeto Buenos Aires. “Se le agregaba ahora la provocación del formato y, claro está, los usos tímbricos y tonales que el director le daba a esos dos instrumentos: dos violines, dos bandoneones, un cello, un contrabajo, un piano ¡y una guitarra eléctrica!”, afirma Pujol.

Hombre que rozó con todos los géneros: folclore, jazz , rock y clásica, en 1959 creó el Quinteto Jazz Tango, y compone ‘Adiós Nonino’, su obra emblemática en el mundo entero, dedicado a su padre, Vicente, a quien le decían Nonino.

Los tradicionalistas del tango lo excluyeron, pero el género comenzaba a notar cierto declive y Piazzolla era un aire refrescante. En 1970 Piazzolla confiesó en el Instituto Di Tella que “ya no es músico de minorías. Gustan de mis obras pintores, escritores y estudiantes. También le estoy gustando a los ejecutivos”.

En esos años 70s habría de comenzar la relación con quien fue su poeta, su letrista: Horacio Ferrer. Juntos crearon Balada para un Loco, que vendió 150 000 copias. Armó el Noneto, conjunto 9, compuso Libertango, fundó el Octeto Electrónico, reunió el Quinteto. En los 80 tocó en el Teatro Colón, fue nombrado ciudadano ilustre, sufre cuatro by pass, da su último recital en Buenos Aires (1989), graba con el Kronos Cuartet ‘Five Tango Sensations’ y muere, en 1992, un 4 de julio, a los 71 años.

“Astor era un compositor de música de cámara con orientación al tango. Todos los arreglos suenan perfecto porque tenía un training clásico muy bueno. El Quinteto era como una sola voz, el ensamble perfecto. En los jazzistas siempre hay un tipo adelante y tres que acompañan, pero en esto no”, dice Pablo Zeigler, pianista del Quinteto y que se encuentra ahora en Buenos Aires, ofreciendo recitales en homenaje al gran innovador del tango, a quien hubo que gritarle: “idiota, ¡esto es Piazzolla!”.

Santiago Estrella Garcés

 

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