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A 40 años del Boca Campeón del 69

 

Religión Xeneize:
 
 Año difícil para el país y para el mundo fue aquél 1969. El orbe giraba en torno a uno de los momentos más tensos de la llamada " Guerra Fría ". En Argentina la revuelta social era sólo el presagio y el inicio de la trágica década del 70. En ese julio un hito transformaría la historia de la humanidad en un antes y en un después: la llegada del hombre a la Luna.
 Con ese marco referencial el 20 de diciembre de 1969 Boca Juniors se consagraba Campeón Nacional al empatar en dos con River Plate. Por forma, por rival, por cancha, por jugadores y por juego, esa fue una estrella muy especial para el xeneize. Se necesitaba un punto y se igualó en la fecha final ante el clásico rival, que precisaba triunfar para arrebatarle el cetro al auriazul. Encima fue en la propia cancha del " millonario " que debió " padecer " la vuelta boquense, aunque nobleza obliga el público riverplatense aplaudió al ganador. Parece mentira, eran otros tiempos. Aquél equipo de Distefano tuvo un sello propio: el buen juego practicado por notables futbolistas. La base era: Roma, Suñe, Meléndez, Rogel y Marsolini, Medina, Madurga y Novello, Coch, Rojitas y Peña. Un lujo.
 Una defensa de prestigio y calidad, un mediocampo de lo mejor de la historia de Boca y una delantera hábil y letal. Sólo un partido perdió el elenco de la ribera en el Torneo.
 Para mí también fue un Campeonato muy particular. Fue el primero que viví y gocé con mis incipientes siete años. De muy, muy chico yo era de Estudiantes, influencia directa de un acérrimo " pincharata " y años dorados para el " León ". Pero una noche mágica cuando yo contaba con la edad de los dedos de una palma de la mano, enterado que Estudiantes había perdido me prometí ser hincha de quién lo había derrotado. Y fue Boca que le ganó uno a cero.
 Aún recuerdo aquél cálido 20 de diciembre, volviendo con mi familia del Club San Fernando en el Fitito blanco. Yo con la pequeña Spika negra escuchaba al Gordo Muñoz. Festejé, con alegría pero sin gritos por entonces, los dos golazos del " Muñeco " Madurga sacando por la ventanilla del auto mi camiseta de Boca que aún hoy conservo, la que todavía era sólo azul y amarilla. Ya en casa nos sentamos en el patio con la Spika a mayor volumen para que todos pudieran escuchar. Perplejidad ante el empate de River y la expectativa hasta el final. ¡ Empate y Campeonato, el primero que viví !. En aquél momento todo era imaginación, el fútbol en vivo no existía por televisión, al menos en los tramos decisivos.
 Desde entonces nació y se instaló mi fiebre, mi devoción y mi sentir Xeneize. Una pasión única e irrenunciable de amor eterno hacia el seguimiento de su camiseta dónde y cuándo sea que juegue.

 


 En 1970 llegó otro Campeonato, otro Nacional y otra vez en River. Triunfo ante Central 2 a 1 en el Suplementario con gol de Jorge Coch. Yo seguía las transmisiones a través de una enorme radio eléctrica de madera por radio Mitre con las voces de Daniel Adrián, Héctor Rombis y Victor Francis que estuvieron dieciocho años relatando la campaña de Boca. El 23 de abril del 74 fuí por primera vez a la cancha con mi tío. A varias cuadras se sentía el aliento de la 12, a mí me temblaban las piernas. Fue empate en uno contra Huracán. Sin lograr títulos ese fue un equipo inolvidable: Sánchez, Pernia, Mouzo, Rogel y Tarantini, Benitez, Trobiani y Potente, Ponce, García Cambón y Ferrero. Luego disfruté in situ de gloriosas noches de Libertadores a cancha llena de la mano del genial " Toto " Lorenzo. Triunfos ante el Cruzeiro y el Deportivo Cali para empezar a sumar Copas.
 Y en los 80 iba a ver al Xeneize frecuentemente a diferentes canchas pero ya sin compañía. Un 81 mágico con Maradona y Brindisi y un nuevo galardón coronado de local ante Racing. Esa tarde no nos podíamos mover en la popular del Riachuelo. Asimismo evoco un clásico de esa década en que me equivoqué y fuí a la tribuna de River. Tuve que saltar una pared de tres metros, locuras juveniles, para irme a la de Boca.
 Luego vendrían temporadas de frustraciones y sinsabores y pocas alegrías a excepción del Torneo del 92. Justamente por los albores de los 90 mis idas a la cancha fueron más esporádicas. La violencia, la televización de los partidos y mi nuevo rol de periodista le dieron una vuelta de tuerca a las costumbres. Seguía la pasión pero desde el living de mi casa o desde una cómoda platea en la parte de prensa de la Bombonera.
 Y así viví y disfruté de la " refundación " del club con la llegada de Bianchi y la catarata de Copas y conquistas de la mano del Virrey. Una felicidad que aún perdura hasta nuestros días. Y fue con esta bendita profesión de periodista que pude acceder y reportear a quiénes simbolizan el goce de cada domingo: Ibarra, Battaglia, Riquelme, Palermo, etc. Y ni hablar de aquél 3 de abril de 2003, cuando Boca celebró su Centenario y yo estuve en los festejos. En la cena de la Rural con las figuras de todos los tiempos: Varallo, Rattín, Perotti, Mastrángelo, Felman, Batistuta y los cracks de aquél año 69 que marcaron a fuego mi niñez. No podía creer de tener enfrente a Madurga, Rojitas o Novello. Sí hasta tengo un vino del Centenario que nunca voy a abrir. Y al otro día con la cancha repleta pude asistir a la Fiesta desde adentro, pisando el césped de la mítica Bombonera y sacarme una foto en el arco de la Casa Amarilla con la barra detrás. ¡ Qué más se puede pedir !.
 Por todo lo narrado es que quería evocar estos cuarenta años que se cumplen de aquél gran Campeonato y fascinante equipo, que no sólo sirvieron para deleite de la grey boquense sino que además marcaron el primer eslabón glorioso que recuerdo de la casaca azul y oro y mi confirmación de lealtad, amor y fe hacia esa religión profunda, cautivante e inexplicable que es ser hincha de Boca. Y profesarla en el Templo de la Bombonera con sus apasionados e incondicionales fieles invocando a los Dioses del Gol y de la Victoria.

 

 Glenn Miller

 

 

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