- BUENOS AIRES - ARGENTINA - © EL ELECTRON

 

17 de marzo de 1979, Treinta años de una pasión   

                                             por Glenn Miller
 

Antes que nada pido permiso y  perdón por ocupar este espacio con una historia y un desarrollo autoreferencial. Pero estimo que el mismo fue importante no sólo en el transcurso de mi vida y en el presente sino que también de una u otra forma ha marcado directa o indirectamente a mucha gente.

Hace treinta años, un 17 de marzo de 1979, tiempos difíciles en el país, sábado que Tigre empataba en dos con Almagro en Victoria y momentos de comienzos de mi cuarto año . Ese día afloró en mí algo que tenía adentro y me acompañó en la vida, y  es el hecho de hacer humor.

Esa noche fuí con mis padres a una reunión en San Isidro, en la AV del Libertador cerca del Marín. Lurgo de la comida un muchacho y el conocido cantante folclórico Néstor Di Nunzio, guitarra mediante, se trenzaron en una divertida e interminable narración de cuentos e historias. Lo pasé muy bien y me dije a mí mismo "esto es lo mío ". Yo sabía algún que otro chiste, malos,  y encima con mi inexperiencia ante semejantes contadores no me animé a decir nada. Cuando llegué esa noche a mi casa inauguré un cuaderno con los chistes más lindos y los que me acordaba de esa velada. Los fuí numerando : uno, dos, tres, cuatro, etc, y los fuí colocando de acuerdo al rubro : borrachos, locos, parejas, provincianos, etc.

Esa noche sin darme cuenta comenzaba un largo camino que hasta hoy no tiene fin y nunca lo tendrá hasta el final de mis días. Desde aquélla velada me hice adepto a los cuentos, a los chistes, a las cosas graciosas y con buena onda, a los exponentes de la materia, etc. Desde ese momento me dediqué a anotar cada chiste que me contaban y me parecía gracioso. Por ahí lo modificaba y le daba mi propia impronta. Escuchaba con atención a los capos de esta materia, conocidos o no, y sacaba lo mejor de ellos.

Durante décadas fue un trabajo de hormiga : escuchar, recopilar, modificar y crear humor. Numeraba y encasillaba. No tenía ningún otro fin que ese no tenía apuros ni compromisos. Escribía cuando quería y podía. Podía hacerlo una vez cada ocho meses o poner quince chistes de una en plena madrugada de invierno. Daba lo mismo, no había lugares, tiempos o ataduras.

Con el tiempo ya tenía una veintena de casilleros y varias centenas de chistes. Yo los atesoraba, nadie sabía de esto porque no lo decía y menos me animaba a contar cuentos  para manifestar mi pasión. Más, muchos me tenían por serio.

Pasaron los años y cuando ya andaba por los cuarenta en una madrugada de Nochebuena, reunido con mis familiares, cuando ya se había hablado, tomado y comido todo, y uno ya no sabía que hacer, me acerqué a un primo y le conté un cuento. Le encantó y me pidió otro y luego otro y no paraba de reírse. Al rato la escena era yo sentado en el medio con toda mi familia riéndose de los cuentos y sorprendiéndose de mi "arte oculto". Fueron como dos horas no preparadas de decir y decir chistes.

Luego de esa noche se me prendió la lamparita. ¿ Por qué no hacía un libro de humor sí ya tenía miles de cuentos en el cuaderno ?. Y a partir de allí empecé a trabajar. Recopilé, armé, edité y ordené el material de los cuentos más suaves. Luego de un año tenía todo listo y con la ayuda de César Vacchetto que me hizo los dibujos y mi caricatura presenté mi primer libro :  Glenn Miller y no es chiste, Música y Lágrimas de Risa. El prólogo me lo hizo El Negro Alvarez. Mi intención no fue el lucro sino mostrar lo que junté toda una vida.

El éxito y la repercusión fue tal que me tomé dos años para realizar el segundo envío, un poco más picante y con el prólogo de José Luis Gioia. A esta altura ya contaba cuentos con soltura y varios me llamaban para hacerlo hasta pagándome. Esto motivo que junto al colega Poly Brown también incursionara en efectuar shows de humor en diferentes lugares y teatros.

Ya estaba atrapado, ya no era sólo el periodista, también me pedían que ejerciera como humorista. Lo hago y lo seguiré haciendo como hobby como aquél 17 de marzo de 1979 cuando en la madrugada y pese al sueño con pasión e ilusión escribí precariamente mis primeros chistes. Tanto es el material que tengo que estoy pensando en realizar dentro de algunos años el tercer libro en la materia. Sé que hay amigos que me piden abordar otros géneros, pero mi pasión es el humor, mi forma de vida es esto, por lo que no creo que abandone el género. En esta página hay evidencias y fotos de los libros presentados.

El humor me dió mucho : alegría, placer, vivir mejor, tomarme las cosas menos seriamente. Con el humor pude derribar barreras, desarmar a personas y alegrarles la vida un rato. Con esta temática conocí gente y lugares. Pude estar frente a frente y ser valorado por eminencias como Juan Verdaguer, Luis Landriscina, El Negro Alvarez, José Luis Gioia, Juan Carlos Mesa, Jorge Corona, Enrique Pinti, Carlos Sánchez, etc. Todos ellos como otras tantísimas personas y famosos tienen mis trabajos. Los mismos no me dejaron demasiada plata pero si muchísima felicidad de ver una sonrisa en el rostro de mis semejantes. Una forma de colaborar con un granito de arena para hacer un mundo mejor.

Por eso es que a treinta años de aquélla noche tengo este recuerdo. De no haber ido esa velada  no sé que hubiera pasado con la historia que narré, pero no se puede hablar de supuestos.

Lo increíble es que nunca más luego de esa noche volví a ver al muchacho y al cantor contador, sí compré discos de él. Acaso sí los encontrara  algún día  les pediría que me cuenten más chistes para anotarlos como esa noche de hace treinta años , pero eso si esta vez me animaría a seguirlos en el relato de historias divertidas y humorísticas codo a codo y durante toda la madrugada.


VOLVER AL BAUL DE LOS RECUERDOS